martes, 28 de febrero de 2012

ORGANIZACIÓN SOCIAL DE MESOAMERICA


El área cultural que llamamos Mesoamérica se extiende desde la ribera del río Pánuco en el norte de México hasta los estados actuales de Nicaragua y Costa Rica en el sur (Fig.1). Uno de los rasgos distintivos de esta región es la presencia del Estado, la institución que logró integrar un territorio delimitado con una población que compartía tradiciones y una estructura política jerarquizada, a cuya cabeza estaba el gobernante supremo. Desde la aparición de las primeras formas de Estado en la tierra olmeca hacia 1200-900 años antes de la era actual, hasta la caída de éxicoTenochtitlan en 1521, la construcción de organizaciones políticas estables fue una obsesión persistente de los pueblos americanos. Una obsesión que se prolongó por más de 3000 años.








La formación del Estado es el proceso civilizador que impulsa el desarrollo de Mesoamérica, el creador de su unidad política y de su identidad social y cultural. Las ciudades y reinos que entonces nacieron son obra del maíz, un resultado de la multiplicación prodigiosa de ese grano en un territorio irrigado por ríos caudalosos que año con año depositaban sus limos en las riberas. Entre 1200 y 900 años antes de la era actual, una aldea que hoy llamamos San Lorenzo Tenochtitlan se convirtió en un poblado importante y en el poder político de esa región. En el centro de una isla artificial que comprendía varias hectáreas, aparecieron plazas ceremoniales, un palacio real, cultos religiosos, acueductos de piedra, talleres artesanales y un dispositivo procesional señalado por esculturas, tronos y estelas que exaltaban el poder real. 




El testimonio que acreditó la presencia del gobierno dinástico fue la formidable serie de 10 cabezas colosales encontradas en San Lorenzo (Fig.3), pues cada una es un retrato monumental de los jefes que ejercieron el poder en esa ciudad en distintos momentos de su historia . Se trata de una galería histórica que usa la piedra y la elocuencia de la escultura tridimensional para fijar de modo imperecedero el rostro del gobernante. Otro testimonio del poder real lo constituyen los grandes tronos con la figura del soberano brotando del interior de cuevas que simbolizaban el inframundo, el lugar donde se acumulaba la energía fertilizadora de la tierra. La ubicación de estos  monumentos en las plazas y ejes del centro urbano sugiere que el gobernante, al posarse en ellos ornado con los atributos del poder, escenificaba los actos públicos que le daban sentido al reino y establecía la necesaria comunicación con los dioses y las fuerzas sobrenaturales. Poco más tarde, en la misma región olmeca se fundó La Venta, una población donde aparece una  demarcación neta entre el espacio urbano y el resto del territorio: la ciudad se separa del campo. El plano de La Venta sigue un eje norte-sur bien marcado. El área norte es el lugar de los ancestros, el sitio reservado a los fundadores del reino. En este espacio se depositaron ofrendas de piedra serpentina que sumaban toneladas, dedicadas a los dioses de la fertilidad, pues estaban enterradas varios metros abajo de la superficie. En un manantial llamado El Manatí los arqueólogos descubrieron un ritual dedicado a la fertilidad, 









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